lunes, agosto 29, 2005

me aburrí del blog

Me salgo.

Apreto abort.

Y casi que salgo eyectado de esta silla en la que estoy sentado.

Me aburrí de mí.

De mí, escrito.

De mi escrito.

Lo hice apenas empecé a cuestionarme para quien escribía, si pa' mí o pa'l que me lee.

Y me di cuenta que debía restarle interés al número de comentarios.

Es así como casi ya no los leía ni menos los respondía. Sorry.

Por otro lado.

Estoy muy contento de haber tocado involuntariamente, con algún post, la fibra sensible de un par de personas.

Fue lindo porque mientras lo hacía, también toqué la mía.

Mi fibra.

La misma que me hace sentir que no quiero escribir acá por un rato.

Me acordé de cuando le preguntaron a un pintor bastante peculiar, de apellido Pollock, cuándo sentía que una de sus pinturas, casi un amasijo hecho de cuerdas y tendones, estaba terminada.

Él le respondió a la periodista.

¿Cuándo sabe usted, que ha terminado de hacer el amor?

Y bueno, yo, que hace tiempo no tengo sexo ni eyaculo premeditadamente, siento que es hora de escribir el último post.

Me viro chicos y chicas.

Grandos y grandas.

Derrepente y hasta vuelvan a leer sobre la muerte, telescopios, estetoscopios, la travesía en la Radio Concierto y la gran intervención de mi vieja.

Derrepente y hasta así debieran ser los blogs.

Como libros que uno puede o no, leer.

Pero libros.

De esos con capítulo I y el The End respectivo.

Y no una seguidilla inagotable de historias y cuentos.

De sonrisas y lágrimas.

¿Quién sabe?

Yo por ahora, los dejo con la competencia de quien escribe más bonito o tiene más comentarios.

Y nos vemos cuando me den ganas de volver.

De simplemente volver a escribir.







Escuchen Stockholm Syndrome de Yo la tengo.

Como yo, que ahora, en este preciso ahora, la tengo winampeando en mi parlante.

domingo, agosto 28, 2005

de Teherán a Puerto Montt

Hoy me desperté con unas campanas sonando.

Y pensé.

En la mezquita, la única que hay en Chile y a dos cuadras de mi balcón, no tienen campanas, ¿cierto?.

Ellos usan un megáfono, con el que a veces se pueden escuchar sus oraciones.

Como si estuviéramos en Irán.

Top.

Ah entonces debe ser la iglesia que queda un poco más cerca.

Sí, demás.

Que las hace sonar como el campanario que había en la punta del cerro de mi colegio.

Como si estuviera en Puerto Montt.

Top.

Y en la ducha.

El mismo envase que todas las mañanas me hace leer lo mismo.

Placenta vegetal
Almendras

Y me despierto por segunda vez.

Estoy en Santiago.

viernes, agosto 26, 2005

la hueá chistosa

No importa el porqué.

Pero esta mañana estuve con mi grupo de trabajo, Daniel, Tomate y Tadashi, en una empresa recicladora de acero, y tras una hora y media caminando entre chatarra compactada, chatarra desordenada, chatarra amontonada, chatarra derretida, chatarra incandescente y finalmente transformada en útiles y recicladas vigas de acero, ya tenía sed.

Por eso cuando vi esa fuente de agua, que eyecta el agua en un chorrito vertical, me acerqué contento.

¿Alguna vez han visto una máquina de coser?, ¿de hilar?.

De esas que tienen como un pedal que uno va pisando para que el torno en el que el hilo está enrollado, gire.

Las famosas creo que son marca Singer.

Mi abuela tenía una.

¿Cachan?

De esas que en vez de tener un pedal para el pie, tienen una bandeja para poner los dos.

¿Sí?

Nada.

Que me acerqué a tomar un poco de agua.

Vi que había un pedal, como de las máquinas de coser, para dar el agua.

Y apenas me paré encima de ese pedal, sentí el agua.

No en la boca.

Sentí el agua encima mío.

¡Qué raro!

Entonces, agachado y todo, se me ocurre mirar para arriba.

Y veo una ducha.

De esas de emergencia, usuales en fábricas con hornos de fundición, y que tienen un chorro de agua muy grueso.

Me estaba mojando entero.

Toda la espalda, los pantalones.

Y no entendía.

Pero, ¿cómo?.

Aaah, parece que el pedal que estoy pisando no es para tomar agua.

Aaaah.

Y claro, es una ducha y me estoy mojando.

Aaaah.

Mierda me estoy mojando.

Una hora después, de vuelta en la universidad en la mitad de la clase, tomate estalla en carcajadas.

- ¡Pero hueón! estuviste como tres segundos debajo de la hueá, y yo te veía y no reaccionabai.
- Jajajaja.
- La hueá chistosa.

miércoles, agosto 24, 2005

Maija

- ¿De qué están hablando? - pregunté en el grupo al que me habían asignado por llegar diez minutos tarde a clases.
- De mí - respondió riéndose algo avergonzada.

Se estaba acostumbrando a eso, desde que llegó a Chile.

Se llama Maija, y como casi toda la gente que viene de intercambio de Finlandia, y que genética y desesperadamente necesita absorber energía del sol, es blanca y rubia.

De nuevo había trabajo en grupo como la semana pasada, pero Vignolo no estaba.

Hablamos de cada uno de nosotros, y en parte porque ella a lo mejor no entendía y en parte porque me encanta cualquier excusa para ladrar en finés, le traduje que:

- Minä ollen tahtitieteilija.
- ¿Cómo sabes esas palabras?, ¿cómo te acuerdas? - me dijo ríendo sorprendida.

Decirle que mi blog se llamaba así, y que al menos escribía tahti todos los días, hasta que la barrita del navegador hiciera el resto, era restarme crédito.

Y no sé porqué no quería restarme crédito.

Es linda, un poco, pero tampoco es de mi tipo.

Y en ningún caso me acerco a ella por eso.

De hecho si me gustara no me acercaría a ella.

Pasa que cuando veo a alguien nuevo en un grupo, suelo prestar atención a que esa persona se sienta incluida.

Me pasa siempre.

Quizá sea por el anhelo de que alguien sea así conmigo cuando sea yo el nuevo en un grupo.

El nuevo en un grupo.

Nunca voy a olvidar mi primer día de clases en Bélgica, cuando me fui de intercambio, en cuarto medio.

Nunca voy a olvidar cuánto amé a la chica que desde el otro lado de la sala me movió las cejas como diciéndome hola.

Así de simple.

Después, más popular, más latin lover y todo, nunca me acerqué a ella ni fuimos tan amigos tampoco. Con suerte hablamos un par de veces en los cambios de hora, o camino al tren. Pero ese gesto, tan insignificante para ella, fue un universo entero para mí.

Fue el único gesto que recibí de alguien el primer día.

¡Puta los hue'ones fríos!

Me decían que la gente allá era y es así, pero que cuando tiene un amigo lo tendrá para el resto de su vida, no como los latinos que al par de años se olvidan.

Así y todo, encuentro que exageran en su forma de ser.

Además, han pasado seis años y yo todavía me acuerdo de Fleur.

Quería explicarle eso a Maija.

Oye ¿sabís qué?, yo me acerco pero no pa' jotearte, sino que por blablabla. ¿Jotear?, ¿Me iba a poner a explicarle que significaba jotear?, bueno, eeeh, interesarse sexualmente por alguien, que te rondea. Jajaja.

No.

No se me ocurría cómo, pero al término de la clase me acerqué a ella.

Y fue así.

- Maija, ¿cómo te has sentido en Chile?.
- Bien, muy bien, gracias.
- Pero, ¿cómo te has sentido con la gente?.
- Ustedes son muy amables.
- ¿Sabes?, mis primeros días en mi intercambio fueron súper incómodos, me sentía solo y por eso el primer día de clases me acerqué a ti y te hablé, además de que me recordabas mucho a mi amiga Nadja.

Me escuchaba atenta.

- Y nada, que me importa que te sientas bien, porque además en Finlandia fueron muy simpáticos conmigo, y yo tenía siempre a Nadja que me ayudaba.
- Muchas gracias. Ustedes los chilenos son muy amables - repitió - pero de todas maneras, todos tienen sus amigos, su familia, su universidad.
- Ah ¿y no te sientes tan incluida? - le pregunté.
- ¿Incluida? - me miró como si le acabara de decir tghuuntipilicrocró.
- Incluida, ser una más del grupo, de los amigos, de la universidad - traté de explicarle dándome cuenta que no sólo basta con articular bien mientras le hablo.
- Ah claro, como además yo estaré sólo seis meses, entonces entiendo que sean así.
- Mira Maija, yo feliz de invitarte a salir, de presentarte a mis amigos, de in-clu-ir-te un poco ¿te parece?.

Se lo dije viéndola tan Pedro, tratando de imaginar qué mierda hubiera sentido yo si un hueón, casi de la nada, que habla algo mi idioma, que hace reír al profe, que se despide de casi todos quienes van saliendo de la sala, se hubiese acercado a mí así tan directo, tan simple.

- Gracias - me dijo, parece que muy contenta y sonriente.

Como no tenía ganas de esperar a verla hasta la clase del otro miércoles, y ya había dejado pasar varias semanas sin haberme acercado tan directo, para que no se sintiera incómoda, después del beso de chao, le dije:

- Dame tu mail.

martes, agosto 23, 2005

¡quién va a saber dónde Stán!

Jiji.

Alguna vez me supe todas las capitales del mundo pero al muro se le ocurrió caer, al mundo cambiar y a las repúblicas socialistas soviéticas pintarse en el mapa con un color distinto.

Algunas todavía, en busca de pinturas de otros colores, no paran de sangrar rojo.

¿Cómo dicen guerra los rusos?

Sé que MIR significa paz.

(De haberlo sabido, los del Movimiento de Izquierda Revolucionaria ¿hubieran buscado otra sigla?).

Así fue como aparecieron más países que acompañaran a Afganistán y Pakistán.

Turkmenistán.

Uzbekistán.

Kasajazstán.

Tayikistán.

Kirguistán.

¿Quién chucha es Stán?.

¿El segundo nombre de Alá?

Anoche no podía creer (me Stán hueveando) las imágenes de un helicóptero cayendo y explosionando sobre un glaciar ¡en Kirguistán!

- ¡Biskek! - le grité a la tele, como si Paulsen me hubiese preguntado su capital.

¿Cómo tanta coincidencia? Yo, en vez de estudiar pa' mis pruebas, quiero volver a saberlas todas y justo me las estoy aprendiendo desde el viernes. ¡Qué iba a pensar que sabría algo de esos países en mi vida!

En eso ando, por si se lo pregunta alguien.

Nada muy vital, aparte de seguir saciando esta curiosidad que tengo desde pendejo por saber de cosas que a pocas personas les puede resultar interesantes.

En asociar Myanmar con Ragún, Bangladesh con Dacca, Armenia con Ereván.

En terminar con ellos mañana.

Y reconquistar África el fin de semana.

sábado, agosto 20, 2005

la muerte

No es que ande triste, ni que me haya pasado algo puntual.

Hoy es un día como cualquiera, con una noche que empieza temprano por culpa de los más de veinte grados de inclinación del eje del planeta.

Y me pongo a pensar lo insignificante que soy, algo que me trastorna desde que me di por enterado.

Mis primeras noches con sueños húmedos, no fueron de esas de patética, cursi y poco directa definición, que tratan sobre eyaculaciones involuntarias en el cuerpo de un chico.

Mis primeras noches con sueños húmedos, fueron por quedarme dormido con los ojitos mojados de angustia y de pena por morir.

Creo que tenía ocho.

La muerte para mí, es tema.

Y no es raro que reciba de vez en cuando cartas de amigas y amigos cercanos contándome que mientras hablaban con sus abuelas de la muerte se acordaron de mí, ensayos filosóficos sobre morir que escribió no sé qué griego antiguo que ya se murió, comentarios sobre películas que debería ver porque yo sí que sabría saborearlas agriamente.

Sigo esperando que llegue alguien con la pildorita, con el botón que congele la muerte. La muerte y el nacimiento de cualquier persona en el mundo, porque tampoco me gustan las sobrepoblaciones.

Y así dedicarnos a conocer a cada persona del edificio (¿quién conoce al que vive dos pisos más abajo?), de la calle, de la ciudad, del mundo. Saber de cada persona que exista e intentar construir diálogos y situaciones para bien, con ella.

No quiero sonar como a concursante Miss (agregar aquí Mundo, Universo, Hawaiian Tropic o análogo) que desea la paz mundial.

Con suerte intento hacer ver, a las quince personas que vayan a leer esto, que esto no va a pasar.

Y que me encantaría, que en las condiciones actuales tratásemos algo similar.

Aun cuando ya a un hueón (si quiere puede cambiar hueón por Dios) se le ocurrió inventar "el reloj", y a los suizos y después a los japoneses masificarlos.

Estamos todos en una carrera.

Contra el tiempo.

Y aunque Mafalda se quiera, ¡y pueda!, bajar, yo no puedo.

Y tú tampoco.

Cambiémosle el enfoque a la vida entonces, han dicho tantas personas a través de la historia, con sus teorías, con sus propuestas, con sus vidas. E independiente de si lo lograron o no, y de darle las gracias a Einstein, Newton, Sócrates, Jesús, Mahoma, el Ché, Lennon, Lenin, Jeanne d'Arc, Maxwell, Gandhi, Freud, Aristóteles, Hurtado Cruchaga, María Magdalena, Presley, Platón, Gauss o Nietzsche, es terrible darse cuenta que todos ellos están muertos.

- No en mi corazón - podrá decir alguien.
- ¿Ah sí?, ¿y hasta cuándo dura el tuyo? - habría que responderle.

La mariposa vive un día.

Y aunque abunden los "¡Oooh qué poquito!", no es ahí donde se deba detener el asombro.

¿Para qué querría vivir más tiempo? si ya visitó todas las flores que le pidieron e hizo sonreír al niño o niña que la vio arrancar.

Además, ¿Qué son 80 años?

Lo mismo que un día para ella.

Lo mismo, no sólo visto desde la poesía, o desde la idea de misión que se tiene en la vida.

Un día y ochenta años son lo mismo en la escala del universo.

¿Qué diferencia hace él entre ella y yo? Él, que con sus 15.000.000.000 de años haría quebrar a cualquier AFP.

Sí.

Seguro no lo sabían, o incluso pensaban que eran muchísimos más ceros, pero creemos, y tenemos mucha mediciones y pruebas para creerlo así, que el universo tiene 15 mil millones.

Y la tierra, un tercio de eso.

Me acuerdo de las clases de astronomía que hacía el año pasado en Infocap, y de la vez que salimos al patio tras la pregunta que me hicieron "¿existen los extraterrestres?".

Puse al pandillero del curso, en la mitad del patio y lo convencí de que era el sol.

A un pie de distancia, de mi talla 45, su partner era feliz siendo Mercurio.

Otro pie de distancia y la señora que tampoco había terminado la enseñanza básica se juraba todo coqueta ser Venus.

Y así.

Con el gordito haciéndolas de Júpiter, y los otros planetas.

Al final, a doscientos pies de mi pandillero-sol, estaba el chico con retraso mental leve, que entregaba las pruebas más subrayadas que yo haya visto nunca, sintiéndose seguramente igual de Plutón como se siente con la gente. Ínfimo y alejado. No debí darle ese papel.

- Éste es el sistema solar - les dije - y no se ha descubierto vida en ninguno de los planetas, lo suficientemente desarrollada como para habernos comunicado.
- ¡Qué lejos están los planetas! - me dijeron sorprendidos por eso y quizá por estar haciendo una clase fuera de la sala.
- La otra posibilidad es que haya vida en planetas alrededor de otras estrellas como el sol ¿A dónde creen que tienen que ir a ponerse las estrellas? - les pregunté, apuntando a los otros diez de la clase que habían aceptado, entre tallas, ser las estrellas del curso.
- Allá donde está Plutón.
- No, más lejos - respondí.
- A la calle.
- No - respondí entre las burlas y lo que dije después hizo sentir hidalgo al que lo había propuesto - más lejos todavía.
- ¿A dos cuadras de distancia?
- No. La estrella más cercana, a esta escala de mis pies de distancia, debería ir al terminal de buses y comprar pasajes a Talca, ponerse en la plaza de Talca y llamarnos por teléfono pa comunicarse con nosotros. Entre este sol, que también es estrella y la más cercana, "la talquina", no hay nada. Es el vacío interestelar, por lo tanto tampoco andan ovnis, y ni les alcanzaría la bencina para llegar.

Todavía me acuerdo de sus caras de asombro.

Todavía me acuerdo que pensé "¡chucha qué está lejos en realidad! y eso que no les he dicho que en una galaxia hay millones de estrellas y que entre los millones de galaxias de las que está hecho el universo, la hueá es peor".

- Por lo tanto si existe o no existe vida extraterrestre en otras estrellas o galaxias, no lo sabemos ni lo sabremos hasta que sepamos cómo viajar de otra forma (quizá con la cabeza pensé), porque en un cohete jamás lo lograremos nosotros ni "ellos".

¡Qué extraño que escribiendo sobre la muerte me haya llenado de vida!

Pero no.

No es extraño.

La muerte ha sido el motor de mi vida.

¡Sí poh!, cada vez que no me atrevo a hacer algo, me digo, "pero hueón, ¡qué tiene!, si igual te vas a morir, si somos todos iguales, todos cagamos igual de hediondo (¿la muerte de la comida?)".

Como esa vez que avergonzados en el ascensor con Fredes y Gonzi, nos reíamos nerviosos.

- ¡Ya Gonzi!, es tu vecina, vos deberiai ir y tocar la puerta y saludarla.
- No, vos poh Fredes, si a vos te gusta la mina.
- Ya poh Pineda, si tú eres el que tiene personalidad.

Ríendo. Nerviosos. Pensé, ríendo y nervioso, "¡cómo no me voy a atrever! ¿qué puede pasar? si al final igual nos vamos a morir todos y esto no es tan importante como eso".

Toqué el timbre.

Nos hicimos amigos, y al mes, Fredes se fue de vacaciones al valle con ella.

Pero ahora, estaba feliz con mi sistema solar humano.

Estaba también feliz tratando de cambiar este sistema social.

Por eso había decidido estudiar astronomía, y me cuestionaba no haber sido médico o asistente social.

Para entender de una forma racional, científica la vida. Me interesaba tanto como el entenderla filosóficamente, pero era más fácil empezar con lo más exigente académicamente.

Estoy consciente que con ninguna de esas dos opciones lograré quitarme esta angustia, pero es lo que me queda mientras me resista a la dispensable necesidad de cordura y evidencias que hay en la opción religiosa. ¡Cómo admiro a los evangélicos que saltan y cantan convencidos en la calle!

Y hoy, que sigo llorando por estas "hueás", más me sobrecojo al darme cuenta de lo insignificante que es mi insignificancia.

Que cuando pasen mis cien años (¡vamos que se puede!), aparecería un chanchito diciendo, eso es to, eso es todo amigos.

Y estamos. Eso sería cabros, buenas noches, good night, bonne nuit, hyvä yötä.

Ya no podré abrir los ojos, porque ni siquiera me daré por enterado que tengo ojos.

¿Tengo alma? Eso que llaman alma.

Que después se va a huevear a otro lado.

Pero si fuera así, ¿por qué no me acuerdo dónde anduvo hueveando antes de que naciera?.

¿Acaso no me acuerdo porque no estoy en un "estado" que me lo permita?

¿No es éste, mi "estado"?

¿Qué?, ¿me fumo un pito, me hago una regresión?

No.

Hago como el resto.

Me pongo a estudiar, que tengo prueba el martes.

viernes, agosto 19, 2005

tarde de pendejos

- No entres al laboratorio, es una mierda de fome - me dijeron apestados Daniel y Tomate, que venían saliendo del turno anterior al mío.
- Vamos a mi casa a ver el partido de Fernando González - propuso Daniel.

Les "costó un mundo" convencerme.

Daniel es campeón sudamericano universitario del lanzamiento de la bala, y hexacampeón (¿qué viene después? ¿hepta?) nacional universitario, ah y campeón nacional adulto este año también, pero porque Verni no vino a competir no más.

Es lejos, uno de los hue'ones más tiernos que conozco.

Tomate es el terror viñamarino de las minas, guapetón y calienta-sopas por excelencia. Estas semanas trabaja ayudando en el rodaje de la película de su hermano, estudiante de una escuela de cine francesa, (¿les suena La Femisse?) que se trajo el equipo de producción a Chile a filmar.

Esperamos verlo en los créditos.

ERASER, José Tomás Lasnibat.

Y yo.

Pedro "el Taj Mahal queda en Agra" Pineda.

Los tres en un auto chiquito, con parlantes del porte de las ruedas, cantando a todo chancho, Tommy Rey o Every you and every me.

Y en los semáforos que me escondo debajo de la polera mientras, mientras este par de tontos saludan a todas las chicas, ojalá con jumper, que están en la calle.

Siento que andando con ellos soy feliz.

Nos reímos, junto con Tadashi que hoy se nos perdió, de los grandes y poseros aportes congnoscitivos de nuestros compañeros.

Nos reímos de lo imbéciles que somos nosotros.

Nos reímos de estar conscientes que si Daniel se propone violarnos a los tres, cagamos.

Y hoy.

Fue una tarde de pendejos.

Como esas de colegio que uno echa de menos con tanto estrés y cosas de grandes.

Una real tarde de pendejos.

La mayor expresión de genialidad en actitudes estúpidas, infantiles y sin mayor cranéo mental.

Jugando.

(Disfruto jugando. Ninguna chica que haya estado conmigo, puede decir que no se ha avergonzado de mí en público alguna vez, haciendo alguna estupidez).

Y es que me encanta.

Saber que estoy ante tipos que entienden, cualquier matemática, cuántica o relatividad.

Que han leído a Joyce o a Sócrates.

Y que le echan la culpa al repollo después de tirarse un ope en mi cara.

Tarde de pendejos.

Hueveando con una de esas pelotas como saltarina, gigantes, que puedes comprar chamando cha, que parece sirven para tratamiento kinesiológico, bajar de peso tanfáciltanpráctico o qué sé yo.

Arqueando la espalda en ella.

Dándole bote imitando los cachetes de kiko.

Simulando una copulación, aprovechando lo blandita.

Tirándosela encima, por la espalda, al que no suelta el computador.

O simplemente quedándose dormido, rico, encima. Abrazándola.

Para un tipo como yo, pudoroso a morir de hablar sobre lo que sabe, y que desconfía de las intenciones de quien expone teorías, jugar es el lenguaje perfecto.

Y la de hoy, una tarde perfecta.

jueves, agosto 18, 2005

eeeexcelente pregunta Tutu Tutu

Ha llegado carta.

Bueno, mail.

Mail de Nadja.

"estoy en la universidad y un poco estresada, apurada y bajoneada. lei tu mail y queria puro responderte rapido, sin meterme en tu blogspot. pero casi sin darme cuenta ya estaba en tus paginas y me quede ahi. media hora. o quizas mas. atarde ya una cita que tenia.
(...)
visitando tus paginas me puse feliz y olvide por un momento todos los pensamientos tristes. gracias por eso. ahora si tengo que irme... corriendo. un abrazo grande! Nadja"

Se los copipasteé, resumido, por si se preguntan ¿por qué escribo?.

Por eso, por como han sido estos dos últimos días con mi vieja y porque me encantó ver en algunos de sus comentarios y blogs lo que les había pasado con la historia de su vida.

Ojalá y pudiera quedarme con alguna de las mil hojas del libro que es ella.

Con algún pedacito de la torta dulce que es ella.

Una de esas de mil hojas que me hace desde pendejo, y que tratan de obviar el vacío característico de un cumpleaños en la mitad de las vacaciones de verano. Quince de enero es justo en la mitad ¿no?.

- Pedro, son diez pa' las diez - me dicen justo en la mitad de mi sueño.
- Mmmm, diez pa' las diez - le respondí ahueona'o - Mierda, me quedé dormido.

Como Jorge Lira deja de trabajar a las nueve de la mañana, le pedí al cd de The Libertines que me despavilara mientras me vestía soplado.

Sí, lo sé, no me duché hoy.

Pero es que no quería llegar atrasado y ya iban dos semanas sin ir a esta clase, mi favorita a causa del profe, una especie de filósofo-ingeniero (y no al revés) que critica tan dulce, y cien veces mejor que yo, a la tropa mayoritaria de tiposimbécilesquieroseremprendedoreeehdisculpapuedesexplicartododenuevo que estudian ingeniería civil industrial en mi universidad.

Se llama Carlos Vignolo y sus cátedras son de otro sistema.

Casi que diría que de otro sistema solar.

La mitad de la de hoy, fue definir qué es una buena pregunta, y dar el ejemplo de una.

¡Cacha po! la hueá extraña, pero grosa y simple... nunca había pensado en eso, y en lo importante que es.

Pregunta del grupo uno, se para el designado y dice: ¿Cómo ser mejores estudiantes de Ingeniería Civil Industrial?

Pregunta del grupo dos. ¿Cómo hacer de mí una mejor persona?

Grupo tres. ¿Cómo mejorar la productividad de mi futura empresa?

Grupo n. ¿Qué será de mí en el futuro y cómo tomar las mejores decisiones?

Grupo n + 1. ¿Cómo entregarle a Chile mis conocimientos y habilidades, para hacer de él un país mejor y más desarrollado?

Nuestro grupo.

Me paro, yo porque fui el de la idea, y digo.

- ¿Quieres pololear conmigo?

Todos cagados de la risa.

Burlándose diría yo.

- Me lo estás diciendo a mí - me dice el profe desde el otro lado de la sala.
- Demás, ¿por qué no? - le respondo siguiéndole el juego, y pensando que me gusta lo groso que él es.

Excelente pregunta Tutututu.

No, no dijo eso.

Lo sí que dijo, me hizo sentir tan capo, que si les cuento capaz que nunca más lean este blog.

Y creo que sí quiero que sigan haciéndolo.

- Pedro, son más de las dos y todavía no te acuestas.

Había olvidado decirles que mi mamá también funciona en modo reloj.

martes, agosto 16, 2005

dejo con ustedes, a mi mamá

Pablillous comentó en telescopio, mi post anterior.

"e quede padentro con tu historia..puedes contar de tu vieja y lo que le toco pasar?"

Copuchento el cabro.

Pero a mí me conmovió su interés.

¿Qué puedo contar yo de mi vieja si vivió más de treinta años sin que yo la conociera?, ¿qué sé yo lo que le tocó pasar?.

Poco, y más encima no sabría cómo contarlo.

- Mamá
- Dime Pedrito.
- ¿Te acuerdas de mi página web, de mi blog?
- Sí, ¿por?
- Es que quieren saber de ti - le dije mientras el FBI llegaba a la casa de Tony, creo que se llama. Era tan tarde que ya estaban dando Los Soprano en el 13.

Hoy llovió.

Y me sentí tan en Puerto Montt.

Jorge, Laura, Oto, Nibaldo, Sergio, Cecilia, Natalia, otro Sergio, me dijeron: ¿No tenís frío?

Volado, andaba en polera.

Como la primera vez que vi llover en Santiago, y que no podía creer que con tres gotitas todos sacaran sus paraguas. "Manga de ñoños, me acuerdo cuando Ritter llevó un paraguas al colegio y lo hueveamos mes y medio" pensé esa vez.

Siguiendo la tónica de la semana pasada, no visité ninguna de mis cátedras hoy.

En vez de eso, me emocioné casi hasta las lágrimas con la defensa de la memoria de un amigo que desde hoy es ingeniero eléctrico. Otro día tendré que explayarme al respecto.

Y.

- Revisa bien donde tomaste el cero de la energía potencial - le dije a un mechón devolviéndole la prueba que había ido a entregar a mi escritorio.
- ¿Cómo?, ¿perdón? - me dijo con cara de asustado, como si fuera la primera vez que un ayudante, o reemplazante de ayudante en mi caso, ("Pedro tómame una prueba de física de los mechones please") le hablara en su vida.
- Que tomaste mal la altura h, revisa el ángulo.

Su cara de sorpresa y gratitud, cuando terminó el tiempo, me hizo tan feliz que sentía como si me hubiese ayudado a mí un ayudante en una prueba. ¡Cuánto lo hubiese agradecido siendo mechón!

Manejé vuelta a casa, con el parabrisas a full.

Apenas entro a mi casa mi mamá me dice.

- Ya escribí lo que me pediste anoche.

¡Qué vieja más cool! pensé.


QUIEN SOY

Nací a fines de la década de los 40 en un hogar humilde, tuve 3 hermanos mayores, un padre ausente y una madre con una gran visión de futuro cuya meta fue darnos estudios en la época en que las Universidades, llamadas tradicionales, eran prácticamente gratis.

Mi juventud se desarrolló en la década de los Beatles, de la revolución de las flores, del mayo 68, de la UP creyendo que podíamos construir una sociedad justa para todas las personas. Me casé con un hombre maravilloso y tuve mi primer hijo (Camilo) en medio de mis estudios, de la huelga de camiones y de la asonada fascista.

Fui feliz.

Llegó septiembre del 73 y todo cambió. Se esfumaron los sueños forjados, desaparecieron muchos de nuestros compañeros y compañeras y nuestros libros. También perdimos todos nuestros bienes materiales, pero salvamos nuestras vidas.

Tuvimos que dejar el país y adaptarnos a una cultura muy diferente a la nuestra. El país europeo nos acogió con trabajo y estudios e hicimos nuevas amistades. Allí, llegó nuestro segundo hijo (Leopoldo). Suavemente nos fuimos adaptando, pero nunca nos abandonó el deseo de volver a nuestro país. En esta espera se nos dio la oportunidad de viajar a un país latino americano y allí emprendimos otra vida junto a algunas familias amigas de Chile, de Argentina y de Bélgica. Vivimos una linda experiencia y tuvimos a nuestro tercer hijo (Pedro). (Nota del Editor: ¡el favorito!)

En junio del 86 regresaron a Chile los primeros miembros de la familia, luego los dos hijos mayores para finalmente reunirse toda la familia en noviembre de ese año e instalarnos en el sur del país. Hicimos nuev@s amig@s, tuvimos trabajo y aportamos a la recuperación de la democracia; pero la utopía de los 60 sigue esperando…

El peregrinaje terminó el año 2000 radicándonos finalmente en Santiago.

Durante varias décadas superamos en familia las penas provocadas por la pérdida de amig@s, de familiares y de las raíces, y aunque elegimos volver de donde salimos involuntariamente, siento que nos transformamos en ciudadan@s del mundo apreciando y valorando cada uno de los lugares en que vivimos, atesorando las amistades que hicimos y que quedan en nuestros corazones.

La vida me ha dado y quitado, he tenido alegrías y dolores: después de 34 años de vida junto al compañero de tantos años y de tantas experiencias continúo mi camino sola superando el dolor de su abandono, tratando de renacer. Y en este renacer me acompañan viej@s y nuev@s amig@s, mi familia de origen, la familia política y particularmente el cariño y apoyo de mis hijos que le dieron sentido a todo lo que construí y que, por sobre todo, le dan sentido al presente y a mi futuro.

Mónica



Mamá te amo.

Estoy que lloro.

lunes, agosto 15, 2005

telescopio

Tutum, tutum, tutum.

Sigue latiendo.

Como las estrellas.

Transformando casi incansablemente, hidrógeno en helio.

Voy a seguir contándoles sobre mí.

Qué mierda significa tahtitieteilija.

Para mí, es el resumen conceptual de lo que más me apasionaba, cuando tuve que darme una identidad en internet. Ojalá y el Registro Civil también te dejara.

Significa astrónomo en finés.

Eso entré a estudiar a la Universidad de Chile hace cuatro años. Astronomía.

Ése es mi país fetiche. Todos tenemos uno ¿no?. Finlandia.

Si alguien ha seguido mis post anteriores sabe que mi experiencia en la U no fue de las mejores en sus inicios, y que cada vez que mi vieja me dice que la mejor época de su vida fue la universitaria, de inmediato le respondo irónico, "claro, súper peludo lo que estudiaste".

No la culpo ni la miro en menos, porque aparte de ser ella genial, lo que le tocó vivir después sí que fue peludo, y yo ni me veo en su lugar.

Pero pasa que me acuerdo de sexto básico, segundo medio, o de tercero, y no hay forma de superar en sabor y olor, el hecho de ir al colegio todas las mañanas con el mar al lado. Tres kilómetros.

Una mañana, tras una tormenta de esas típicas y con marea alta, en el camino a clases, el más hermoso y tierno cachorrito de lobo marino que se puedan imaginar, asustado, no sabía como dejarnos pasar, provocando un taco increíble. Tres autos.

- Pedrito, ¿qué niño de Santiago se encontraría con esto yendo al colegio? - me dijo mi viejo que iba manejando.
- Demás - le respondí sin pesar sus palabras, atentísimo al amor y ternura que hasta el día de hoy, me nace por cualquier cachorro. Aunque sea una hienita.

Tenía razón el culiao.

Y me apesta acordarme de los hoyos de Avenida Matta que tengo que esquivar estas otras mañanas, las universitarias.

Cuarto medio lo hice en cinco meses, porque los primeros seis de ese año, di vueltas.

Tantas, que me atreví a mochilear solo por varios países, a los 17.

Y de una u otra forma, que no viene al caso detallar, tras hacerme amigo de mil personas, una me dijo.

- Yo trabajo en barcos tres semanas seguidas y después descanso dos, acá en Estocolmo - me dijo Nicolas. Nicolas Redlik. Imposible no recordar su nombre y apellido por lo que me dijo a continuación - y tengo pasajes para viajar estas dos semanas, pero no me interesa usarlos. Toma.

Pasajes ida y vuelta en primera clase a Helsinki.

Conocí a Nadja.

Sí, la chica que aparece acostada en este fondo de pantalla es Nadja.

La foto se la tomé en la pista de aterrizaje del aún no inaugurado aeropuerto de Copiapó, en enero recién pasado, cuando vino a verme y viajamos por todo Chile juntos.

La idea era estar en Finlandia un par de días, pero postergué mi pasaje veinticuatro horas. Tres veces.

De vuelta en Chile, y tras poder destruir la PAA y ser destruido el primer año en la U, logré pasar todos los ramos a rasguño limpio.

La sensación de tenacidad en mí era el mejor premio.

Pero mi viejo quiso darme otro.

Y mi hermano, ingeniero exitoso igual de sufrido, el único que de verdad me entiende, también. El mismo premio.

Ok, tú dame el pasaje y tú la plata del pasaje, pero me voy el otro verano. Ahora necesito pasar enero y febrero en mi Puerto Montt.

Pasó segundo año.

Y no tuve verano de nuevo.

Preferí las temperaturas bajo cero.

Preferí los -30 °C.

- Hueón, el refrigerador que ustedes ocupan en este país es para mantener las cosas calientes.

Se reían.

Y yo traté de aprender a reírme en finés como ellos.

Y nada.

El año pasado me invitaron dos veces a observar a Tololo, estudiante predilecto de un par de profes, y en el ocio de la noche nació mi fotolog, fotolog que maté por culpa de este blog que terminó heredando su nombre. El ocio era culpa de un telescopio que tienes que moverlo sólo cada tres horas porque estás haciendo observación en infrarrojo y en infrarrojo el tiempo de integración se recomienda así de largo. Tres horas.

Acostarte a las siete de la mañana y desayunar en la tarde. A las tres.

Subir a calibrar los filtros del telescopio.

Bajar a almorzar a las seis.

Y a las siete estar arriba de nuevo pues empieza a atardecer.

El año pasado fue terrible académicamente.

Y el problema no fue tocar fondo.

Fue tocar techo.

Un domingo mi viejo me dijo que se iba de la casa, y apenas empieza a explayarse, lo interrumpo.

- Papá, ¿tienes otra mina? - era lo único que me importaba en ese minuto junto con ver a mi vieja llorando pa'l pico.
- No Pedro, lo que no quita que haya sido infiel en el pasado.

Se me cayó el mundo.

Se me cayó la bóveda celeste entera.

- Mamá, ¿puedo llevarme el auto? necesito salir y llorar.

Desde entonces, veinte meses, he visto a mi viejo muy pocas veces.

Tres.

El lunes después de ese domingo, empecé a trabajar en investigación con unos locos de Yale.

- Me gusta tu ritmo de trabajo - me dijeron.

Obvio, si no tenía ganas de pensar, de estar solo, de niuna hueá. No me quedaba más que trabajar hasta tardísimo.

Le caí bien al principal.

Me puso como co-autor de un paper (publicación en una revista de investigación) junto a otros astrónomos.

El techo de cualquier pendejo estudiante a los 21 años.

Aparecer en un paper, del cual con cuea hice dos gráficos, pero repito, le caí bien. Ser invitado, porque sí, dos veces a Tololo, trabajar el segundo semestre en investigación con uno de los dos astrónomos Premio Nacional de Ciencias, ése que a veces aparece en las entrevistas del posero de Cristián Warnken. Tener un 7.

Y que no se haya movido ni la más puta fibra existencialista, de esas que me dijeron, "hueón, cáchate astronomía".

Quería entender los infinitos, los ceros, las teorías, los agujeros negros, las supernovas, a Einstein y a Hawking más allá de una biografía.

Hoy los entiendo.

Y sería.

¿Vuelvo a mi idea de estudiar filosofía?

No.

Es cosa de un par de ramos y termino astronomía, además de geofísica. Temblor ¿quién dijo temblor?. Y si las ganas de tener plata asegurada siguen, pues me aguanto los dos años que me faltan para terminar ingeniería civil industrial.

Por mientras.

Por mientras escribo en mi blog.

domingo, agosto 14, 2005

estetoscopio

No fui al Parque Forestal.

No soy gay, ni me pesqué a ningún mino en un carrete anoche.

No tengo grandes músculos en los brazos.

Tampoco digamos que son de tamaño medio.

Ok. No tengo músculos en los brazos.

Pero a este ritmo blog-adictivo, donde sí se los puedo prometer para el verano 2006, es en los dedos.

¿En el corazón? En el corazón ya tengo hace mucho tiempo.

Y aunque me rehusaba a contarlo, después de tanto ejercitarlo esta semana, creo que llegó la hora de elongar.

Ante ustedes.

Hueón, toda la gente que se va a enterar de mi vida personal. Todas las minas, digamos el par, que sé me tienen un ojo encima, van a botarme apenas el izquierdo y el derecho pasen por encima de estas letras.

En fin.

Importa nada.

Hace rato que quiero estar, y estoy, solo.

Conmigo.

Sólo conmigo.

Se llama Javiera.

Yo le digo Javita. De hecho es la primera vez en mi vida que he usado un diminutivo en lugar del nombre de la chica de turno.

Turnos largos sí, no se crean que hablamos de una chica a la semana. Mis relaciones rara vez duran menos de un año. Soy, como se dice, el don pololo, el hueón entregado en los afectos, cuando milagrosamente alguien logra evocarlos en mi forma de ser.

Terminamos, la última vez que terminamos, hace varios meses ya.

Pero, puta la hueá, nos seguimos queriendo.

La sigo encontrando preciosa. Tan limpia, transparente y honesta. Me encanta que no sea la típica mina que trama como reconquistarme.

La última vez que la vi, había sido en una esquina, en mis brazos. Derretimiento en lágrimas. Desconsolados por mi constante congelamiento cardíaco por decirlo de alguna forma.

Dos días después se iba a recorrer en cinco semanas Europa, y mi más sincera intención era que recorriera tanto lugares históricos como personas que marcaran su historia. Su historia sentimental.

Por eso, ni la más mínima señal de un beso comprometedor de nada, en esa esquina juntos.

No soy ese caso típico, que apenas ve la felicidad en su ex, corre a quitársela envidioso, que apenas lo ve carreteando en una discotheque, digamos pagano, con otro, llama desesperado y deseoso a su celular al amanecer (lo leí por ahí).

Javita aterrizó en Chile hace unos días.

Llena de energía.

Apenas comparable con la que un panel solar te rinde a los 40°C que había, según ella, en las playas mediterráneas.

- ¡Ah! vi a Oasis en un festival - me dijo en la Costanera Norte a 120, varios minutos después del extraño abrazo en el aeropuerto.
- ¿¡Ah! vi a Oasis en un festival? - le respondí - ¿cómo? pero Javita, entonces tenías que saludarme así apenas me viste: "HolaviaOasisenunfestival".

Nos reímos.

En realidad yo la odiaba por cada grupo que amo y me iba nombrando.

No nos separamos.

Tenía que contarle lo bacán que era Javier Estrada, lo diligenciosa que estaba la justicia con el tema de las platas (parece que importaran más que los muertos y desaparecidos), la captura del violador de Reñaca, que ni siquiera se había enterado que había escapado de la cárcel. ¡Que Marcelo Salas volvía a la U! Ja.

Que la había extrañado y que la quería tanto.

Me saqué un par de 1.0 en las primeras pruebas pequeñas del semestre, con tal de no despegarme de su par de ojos azulados hermosos.

Su pelo rojizo.

Fueron días hermosos.

Los que nos debíamos por culpa del sufrimiento, por culpa de lo fuerte que fue separarnos.

Ahora en calma.

Tutum, tutum, tu tum, tu... tum.

(Hagamos que ése es el corazón latiendo y estos párrafos el estetoscopio con el que lo escucharon).

sábado, agosto 13, 2005

1989

- ¿No será muy tarde ya, hueón?
- No cacho. Tu decisión - me responde tomate.

Eran las siete de la tarde, me desperté una hora antes ¿me voy a Viña o no? Bolso listo y todo, cuando tuve la típica última señal de intención de arrepentimiento.

- Te llamo en tres minutos más, voy a pensar - le dije.

Tras noventa tic y noventa tac, alternándose, lo llamo. Inseguro de qué decir. De qué decidir. "Creo que le voy a decir que sí". Sí, eso.

- Aló.
- Ya, voy pa' allá.
- Calma'o, es que hay otra hueá.

Bla bla bla bla (¿se acuerdan cómo hablaba la profe de Charlie Bown, o cualquier adulto de la serie?)

Corté.

¿Alguien quiere carretear conmigo hoy en Santiago?

¿No?

Me quedo entonces remodelando este blog.

Remodelando mi pieza.

Y mi vida.

Entonces, entre las cosas que encuentro, aparece esto.






- Pedrito te vamos a hacer una entrevista.
- ¡Ah! ¿y es así no más? ¿sin micrófono? - le respondo a la periodista que quién sabe por qué decidió trabajar en un diario tan al sur del mundo, y más encima tener que entrevistar a un pendejo sobre la navidad.

Debe ser uno de los recuerdos más antiguos que tengo.

¿Se alcanza a leer?

Si no, acá va siqueada. Quiero decir, sic.

"UN CUENTO

Pedro Alberto Pineda Herrera, de 6 años, alumno del Colegio San Javier, es todo un personaje. Pícaro, regalón y muy viajado, tiene muchas aventuras que contar. Pide el micrófono, si se trata de una entrevista. Nacido en México dice que allá la Navidad es con truenos y en Bélgica donde también residió, con nieve. Recuerda navidades vividas en Francia, Alemania y otros países que menciona como si estuvieran a dos horas de Puerto Montt. "El Pascuero es un cuento de niños y la que compra los regalos es la mamá, de repente puede que los compre él. Jesús nació en un país que se llama Belén donde lo mataron. Está en el desierto del norte, en América, donde hay harta arena""

Soy un blufeador desde siempre, queda demostrado. Para la navidad en México tenía apenas un año y las de Bélgica dos y tres. Eso de los truenos en México no es más que producto de mi imaginación, y lo de la nieve en Bélgica, era obvio en todas las fotos que veía en los álbumes a los seis años.

¿Pa' qué hablar de Alemania o Francia?. Nunca pasé una navidad ahí.

Lo notable es mi "seguridad" de que el Viejito Pascuero no existe. Pero ¡que hueón más clever! desde siempre crítico y escéptico... y sensato además, con todos aquellos que si pudieran creer en él aún, al dejar esa aura de duda.

Lo otro es que queda claro que de geografía todavía no sabía.

¡Qué hueón más barsa!

Debe haber sido por entonces que me traumé al sentirme "mintiendo", por lo que terminé aprendiéndome todos los países del mundo y sus capitales.

Las de la Polinesia y algunas de África a nadie nunca le han interesado así que no me las aprendí visionariamente.

No logro imaginarme la cara de la periodista, porque me acuerdo que era mujer. ¿Habrá sido Natalia del Campo haciendo su práctica? Casi no puedo creer que me haya dejado un comentario en mi post de la Radio Concierto de hace una semana.

Saludos.

viernes, agosto 12, 2005

mensaje de texto

11:09 de esta mañana.

Mensaje de texto de mi amigazo Daniel.

"Qué onda!... para de gozar... te extrañan tus amigos... Sé Feliz."

Mmmm, viendo la hora en el celular y revolviéndome entre las sábanas, que no eran las mías, calculo en clases de qué ramo "estamos". Ja! ese profe es muy simpático pero fome y Daniel, tomate y Tadashi deben estar muy parqueados escuchando por enésima vez la definición de muestra aleatoria simple.

Tanto, que me llegan a echar de menos.

Es que somos el medio cuarteto (un grupo de amigos del que pronto contaré cuan especial es), y claro echan de menos a uno de sus integrantes.

Hace tres días que no voy a clases.

No tengo ganas.

Y no tengo muy claro cómo me llega esta especie de irreverencia ante la universidad. Creo que, aparte de agradecer estar en la Chile y no tener asistencia obligatoria, suelen venirme estos arrebatos basados en pura nostalgia.

La nostalgia del pendejo de séptimo básico, que cansado de ser mandado a la cama antes de las nueve de la noche, se juraba y rejuraba: "cuando esté en la universidad voy a hacer lo que quiera, acostarme cuando quiera, ir a fiestas incluso un martes".

Llegué a primer año, y lo pasé como el pico.

Pasé invicto a segundo y lo pasé como el pico de nuevo.

¿Y tercero?. Adivinen.

Basta.

Este es mi quinto año ya.

Se me ha caído mucho el pelo.

Mis neuronas ya se acomodaron a la exigencia aberrante de mi facultad comparada a la de mi colegio puertomonttino pajero, más preocupado por el desarrollo espiritual de la persona, o como quieran decirle, que de sus conocimientos en matemáticas y física. De lo cual estoy muy muy muy agradecido, por duro y doloroso que haya sido el porrazo universitario inicial.

Entonces, ¿qué hueá?

Acaso no puedo decir un día, hoy no quiero ir.

Acaso no puedo decir dos días, hoy tampoco voy.

Si no tienes que cumplir un horario de trabajo, si tus neuronas ya están adaptadas (por ende, eres capaz de ponerte al día después) y estás chato, deja de quejarte y regálate un día.

O tres.

Voy saliendo a la exposición de Dalí en la Estación Mapocho.

Dale una vuelta.

A lo que escribí y a la exposición.

lunes, agosto 08, 2005

frío no





Mi vieja, loca hace dos años por mi "estúpida" pena por los animales que sufren y la consecuente decisión de no querer comérmelos, ya no sabe qué hacer conmigo, y cree que un letrero en el refrigerador es la mejor forma de consensuar la comida de la semana entrante.

Vivo sólo con ella hace uno y medio, desde que el imbécil de mi viejo decidió cagarla y patearla después de treinta años (pero ese tema lo toco otro día, ¿vale?), y en este tiempo juntos, no creo que sería capaz de expresarles cuanto me he derretido.

Cómo he dejado de ser Pedro Whirlpool.

Cómo ha sido el paso del hueón hiperquinético, saltarín, con tanta energía, pero más frío que la mierda para expresar mis sentimientos, al hueón que soy hoy, hiperquinético, saltarín, con tanta energía, y a 0,00001 °C de la temperatura de fusión.

Bueno en realidad ella ahora, me derrite cuando quiere.

Derretimiento en infinitesimales atisbos de lágrimas.

Y cuando vi el letrero en el refrigerador ayer, me nació agarrar un lápiz.

Y la cámara.

Después, viéndola leer lo que había escrito, casi lloro al verla casi llorando.

Casi lloramos al vernos casi llorando.

domingo, agosto 07, 2005

el escote de Saiko

Sábado, pasada la medianoche.

O sea domingo.

Estoy en el depto de mis amigas Carla, Bárbara y Valeria, aunque "la Val" haya sido mi polola en el colegio y después siendo mechón, hoy soy el hermano de todas ellas.

Me aman, y su mamá me ama también.

Tamara, la menor, porque sí, ¡son cuatro hermanas!, también me ama.

Y nada, Carla cumplía sus diecinueve junto a algunos compañeros de U, y a puertomonttinos que coincidían con nosotros en haberse venido a estudiar a Santiago.

- Hola, buena Pineda - me dijo uno.

¿Y este hueón quién es? pensé. Y claro, si lo afeitabas, lo rapabas y le ponías un pelo de pendejo mamón, obvio, era uno de esos pendejos de octavo básico a los que les quitabas las canchas de básquetbol (deporte por excelencia en mi sur) en los recreos cuando estábamos en cuarto medio.

Y así, tuve que afeitar, rapar y ponerle peluca ad-hoc a muchos chicos que no veía hace cinco años. Los cinco que llevo en Santiago.

Jajaja, la raja, pero sí ese hueón era un hueón todo perno, y ahora casi es Noel Gallagher.

Me reí un buen rato.

¡Ring! ¡Ring!

Era Javiera, una de mis mejores amigas.

La iquiqueña que usamos como escala cuando nos fuimos a Macchu Picchu hace dos años.

La chica más honesta, sencilla, simple y clara que conozco.

Mi amiga, la Javi.

- Hola Pedrito.
- Y tú ¿a esta hora llamando?, ¿a qué me vas a invitar?.
- Nada, que como la otra vez dijimos que hacía mucho tiempo no conversábamos ni hacíamos algo juntos te llamaba, pa ver si...
- ¡Ja! te paso a buscar en quince minutos más, porque voy saliendo a La Batuta. Tocan unos grupos que quiero escuchar y voy solo.

Se lo dije pensando que no sólo no me importaba ser seguramente su plan B, o quizá C, esa noche, sino que me encantaba que fuera así de carerraja de llamarme pa' salir tan tarde.

Se notaba que confiaba en mí.

Que éramos amigos.

No sé si los mejores, pero con ganas de serlo (Siempre me he imaginado con ella a los 70 años revolviendo una taza de té).

El camino a La Batuta fue casi una pasada de lista, pero sin té, de los últimos dos meses en los que no nos habíamos propuesto sentarnos a hablar.

Mientras que caminar dentro de La Batuta, era lo más cercano a sentirse parte de un embutido.

(Me gustó Polter, unos chicos creo que de Ovalle, y que sí suenan en la radio. Son buenos, sonaron la raja, y se les ve buenos cabros, al menos esa impresión me dio cuando saludé al bajista con el pulgar hacia arriba).

Miraba a la Javi, con la misma lata verde de Heineken (cover peliento) y me daba cuenta que ella estaba ahí, porque yo estaba ahí. Y yo estaba ahí porque Denisse Malebrán estaba ahí. Y Denisse Malebrán estaba ahí, porque su grupo, Saiko, estaba ahí.

- Te apuesto que empiezan con "Las Horas" - le dije al oído a través de sus largos y castaños rulos.

La base, con campanas al inicio de la canción me dio la razón.

Estaba feliz.

Siempre he pensado que si los monjes Budistas, Zen, Shaolín (bombín) o cualquier otro que experimente algún tipo de iluminación como el Satori, hubiesen tenido la posibilidad de escuchar The Strokes, se hubieran hace rato dejado crecer el pelo y la barba, hubieran agarrado una cerveza, o bueno, Sake, y sentirían el mismo grado de iluminación que siento yo cuando escucho un tema que me gusta.

Todos mis amigos y todas mis amigas que hacen yoga me dicen que no.

Que nada que ver po Pedro.

Que la meditación es otra cosa.

Y yo les respondo que las dos veces que he intentado meditar en mi vida, una a los trece años, todo precoz y curioso por lo oriental, me quedé casi dormido y la otra, el verano pasado junto a un lago Llanquihue nublado, en posición casi loto y todo (maldita mala elongación), terminé tirándole piedritas a otra más grande para ver como rebotaban, por casi una hora.

La hueá es que, para mí, no hay nada como escuchar la música que conoces, que te gusta. Que te vuelva loco como va a pasar en unos meses más con The Strokes en Chile.

Pero anoche tenía un problema visual.

Y era el escote de Denisse, la vocalista.

En las canciones de su nuevo disco, me pillé un par de veces calculando cuánto había bajado el cierre de su polera, que llegaba hasta el ombligo. En las canciones de discos anteriores, las famosas, no me acordé de nada aparte de la letra y mover la cabeza.

Y claro, los gritos "mijita rica" matando el silencio entre un tema y otro, le quitaban todo el aura de rockandrollero que su pose y el humo coloreado le daban al ambiente.

Y uno pensaba, "este saco 'e huea viene por la pura mina".

¡Qué paja ser el baterista, el bajista o el guitarrista de Saiko! pensé. Todo tu esfuerzo, todo tu talento, todo tu trabajo y tu gusto musical por hacer de cada tema algo conmovedor y transgresor, y un pobre hueón (porque considero pobre hueón a cualquiera que se atreva a gritar eso en vez de ir sobrio y decírselo) gritando eso, que seguro ni escuchó tu interpretación. Tu juego con tu instrumento.

Por eso, más saco 'e huea me sentía, cada vez que buscaba la sombra, la demarcación de sus senos.

No me gusta hablar con los escotes de las minas, porque siempre me pasa lo mismo. Siento el esfuerzo que hace mi cuello por mantenerse recto cuando hablo con alguna chica. No habría nada de feo (feo para mí) si al mirar "pa' bajo" quedase claro que no busco, calentón, una abertura en la ropa, pero como eso no está claro en mi país (¿en cual sí?), sigo prefiriendo los botones abrochados. Y así, si de volado miro pa' donde sea, que no exista una segunda intención.

Otra cosa muy distinta, es decir, vamos a ver escotes (es imbécil, lo sé, pero yo soy imbécil), porque me encanta el cuerpo de algunas mujeres, como a todos ¿no?.

Pero yo estaba conversando con Denisse po, escuchando cómo cantaba, y yo gritándole (¡qué linda conversación!) sincronizado, la letra de sus canciones.

Creo que me quedé más tranquilo conmigo cuando, sentado, a la salida de La Batuta la vi pasar y le aplaudí, haciéndole sentir que valoraba su voz, su música.

Ella no escuchó el aplauso, pero lo vio, y toda tierna me dijo hola, con la boca y con la mano.

Y ah! iba con un polerón amarrado hasta el mentón.

viernes, agosto 05, 2005

embajada de japón

Subiendo por Pocuro a mil por hora.

Ok, a ochenta.

Igual se nota caleta cuando esquivas abuelas, viejos torpes, motos repartidoras de pizzas, ciclistas repartidores de deudas, chicas lindas repartidoras de suspiros.

Semaforeros recolectores de monedas. De esas que te sobran en alguna parte junto a la palanca de cambios.

Y nada, doblé en Lyon y no encontré la embajada de Japón.

Ni tampoco el edificio de mi amigo Javier que queda enfrente.

Pero antes de subirme al auto, J.S. me dijo: "¿vámonos a Francia el otro año?" a no sé qué cuatro letras mezcladas intentando ser una sigla, que representan un centro de estudios epistemológicos (la última locura de mi compañero y alma gemela en inquietudes post-científicas J.S.).

Ya, le dije.

Total.

Por eso doblé pa' otro lado y esquivé mi Plaza Ñuñoa, y encaminé a la embajada de Japón, para sacar del tintero la idea de hace un mes de ir a dar una vuelta y decirles a los oji-oblicuos:

What do I have to do for being studying (having fun) for a year in Japan?

Japón o Francia.

Animé o parlé siutiqué.

Apuesto que todo queda ahí, en la tinta.

En la tinta eterna de donde estoy empezando a sacar lo que escribo con este blog. Y con el cuaderno rollizo que me regaló María José para que escribiera.

La hueá es que ahora me voy.

A Quillota.

Ja.





pd: lean la historia que viene más abajo de mi andanza en Radio Concierto, debe ser una de las cosas más entrete que he escrito alguna vez.
pd2: y recuerden claro que mi voz pueden escucharla mañana mismo, sábado 6, a las 19:15 en Radio Concierto (88.5 en stgo) programando mis seis canciones favoritas. Derrepente y hasta les gustan.

jueves, agosto 04, 2005

Me duele la cabeza

Creo que me voy a ir a acostar



.

miércoles, agosto 03, 2005

Sábado 6 - 19:15 - Radio Concierto 88.5 (stgo)

Maldita comuna de Providencia. Maldito alcalde de Providencia. Dejé el auto con la boletita de estacionamiento correspondiente, bien instalada en el limpiaparabrisas (tremenda palabra, ¿con qué limpio eso?, ¿con un limpialimpiaparabrisas?), tratando de ni acordarme cuánto me iban a cobrar a la vuelta.

Y caminé por Eleodoro Yañez, hasta el edificio de las radios. Fm Hit, Corazón, Rock&Pop, Pudahuel, Fm Dos, todas juntas, ¿sabían?

Radio Concierto.

Me gané (bah! qué "difícil"!) la Personal, y venía a grabar los seis temas que quiero que escuche cualquiera que ponga la radio este sábado pasaditas las siete de la tarde.

- Hola. Pedro.
- Hola. Yo soy Cristián, tú vienes por La Personal, ¿cierto?
- Sí.
- Vamos a grabar tu locución, y sabís, tengo caleta de pega, ¿puedes dejarme tus discos pa grabar los temas y después los vienes a buscar?
- Puedo, pero si los pierdes te mato - le dije.

No sé porque le respondí así, fue el miedo en un segundo, imaginarme que ese cristiano rechonchito moreno perdiera mis joyas Strokeanas, Libertineanas, Killereanas.

The joyas po!

- Mmm, bueno dame un minuto entonces.

Fueron casi sesenta. Pero en los que gocé aprendiendo de música, de cómo funcionan las radios, de cómo funcionan las voces, los comerciales.

Presten atención.

Había un tipo, editando apestado un programa pa' la noche, que cuando sonó el teléfono le dijo al que había respondido, "te apuesto que es para decir: oye ¿que canción es la que está sonando?". Poco simpático, pero me daban ganas de decirle "Oye tú eres Fortuño ¿cierto?", el loco que hace Concierto Enfoque los miércoles con mi Blanca Lewin. Y se lo dije. Apenas se paró y se estaba yendo.

- Oye tú eres Fortuño ¿cierto?
- Sí.
- ¿Sabís qué? La otra vez te escuché, hace dos semanas, hablando de las palabras palíndromas, ¿y sabes? creo que las frases son los palíndromos (léase al revés ANITA LAVA LA TINA) y a las palabras se les dice capicúas.
- ¡Bah! yo he escuchado hablar de palabras palíndromas también.
- Será.
- Ja, vale - se río, apuesto que pensando, ¡y este pobre hueón quién es!.
- Anilina, chau - le dije pa seguir cagándola.

En este mismo minuto me estoy dando verguenza ajena (¡verguenza propia!).

Por la misma puerta que salió Fortuño, entró un "caraconocida", me di cuenta que era un actor. Samuel Guajardo les debe sonar tan familiar como Eduardo López. O sea niuna hueá (si conoces un Eduardo López, recuerda que toda similitud con la realidad nos es más...). Típico actor "low perfil" de Teatro en Chilevisión las noches de sábado pajeras (qué buena la serie española que dan después, ¡la cagó!), aparecido quizás en alguna película chilena obviada de la cartelera del Hoyts, o incluso en algún capítulo de Mea Culpa.

Venías a buscar sus cd's, porque a él no le había dado temor dejar los suyos, pirateados, en la mañana. Sale al aire dos horas antes que yo el sábado.

La hueá es que me reí diez minutos después de enterarme que:

- Yo trabajo haciendo voces - me dijo
- ¿En serio? - respondí, y claro, me acordaba que no me acordaba con precisión de su última aparición televisiva o teatral.
- Sí, de hecho yo soy la voz del mono Bilz y Pap rojo. Maik (y no mike).
- ¿La dura? jajajajajajaja, la raja - no me aguanté la risa.
- Ooh ooh bilz y pap - me dijo entre gruñidos.
- Jajajajaja

¡Qué sensación más extraña ver la voz!.

Ver la voz. Suena lindo.

Hablando de ver la voz.

- Cristiancito, déjame grabar un par de cosas de la Agenda Concierto, por favor - entró diciendo una rubia, vestida con esas típicas blusas chinas floreadas que se amarran cruzadas y que tanto me gustan.
- No puedo, estoy ocupado - le responde el cristiano rechonchito moreno que está grabando mis temas.
- Pucha, cortito.
- No es que además él me está esperando hace mucho rato - dice mirándome.
- Yo, ningún problema - dije fascinado, ¿qué más podía pasar de entretenido?, había hablado con el mono culiao de Bilz y Pap, había cachado en la pantalla de un computador el orden de las canciones que iba a poder escuchar, más tarde, camino a casa.
- Gracias, auditor - me dijo la rubia.
- Te presento a Natalia del Campo - me dijo Cristian.
- Hola - le dije con dos dedos en V.
- Hola, gracias.

Entró.

Y empiezo a escuchar su voz.

No lo puedo creer. No me había dado cuenta. Era ella. La voz FM más sexy ever listened to. La que hablaba de panoramas de películas francesas y alemanas que nunca iba a ver, por más que cuando los escuchara manejando, me dijera "ahora sí que voy al Goethe".

Estiré el cuello, para ver a través del cristal típico, que nos separaba.

Quería eso, ¡ver la voz!

En acción.

Hueón, exquisita. Al instante su blusa se me hizó más sexy.

- No había cachado que erai vos - le dije apenas salió.
- ¿Cómo que vos? - me dijo.

Y justo cuando se convertía en la segunda persona del día que me encontraba un pobre hueón, le dije:

- Te amo.

Ella atónita.

- Sabís que te amo, tu voz me encanta.
- ¿La dura? - me dijo toda impactada, y empezó a revisar una carpeta - ¿tú vienes por La Personal?
- Sí, es que la dura me fascina - le respondí embalado.
- ¿Tú eres el arquitecto?
- No. El astrónomo - le dije pensando (yes! yes! amo todos los ramos que empiezan con el códifo FI de física y AS de astronomía, y me olvido de los que empiezan con IN de ingeniería que también estudio)
- Ah, el agnóstico, el puertomonttino de corazón, ja, sí me acuerdo, es que grabé esta mañana las presentaciones para el sábado.
- El mismo - le dije casi enamorado.
- Bueno que estés bien - y se agachó a darme un beso, pues yo estaba girando en una de esas sillas con ruedas.

¡Hueón! me fui feliz pa la casa manejando, dándome cuenta que había sido todo un galán, sin darme cuenta y presionado por mis nervios. Que la había puesto nerviosa, siendo que para esas cosas apesto, y que a fin de cuentas, me gusta apestar porque no es mi estilo.

Me fui feliz pa la casa manejando, sintonizando 88.5 (sabía qué canciones venían después) y prendiendo el limpiaparabrisas pa' agarrar la boletita de estacionamiento, porque nunca apareció el loco pa' cobrarme.

lunes, agosto 01, 2005

neón verde, cerveza negra y chicas




Fue la cerveza negra la que se subió a mi cabeza, la que le ganó a mi cuello, doblegándolo al punto de dejar botada mi nuca en el respaldo del sillón.

Y.

Este neón verde encandilándome.

Me acordé de no sé qué fotolog minimalista, y me sonreí, un poco ebrio, pensando en la foto que tenía en frente. En la cámara que tenía en el bolsillo, con casi todos los MB en fotos del cumpleaños viñamarino de mi amigo tomate.

Sin flash.

Pero en mi cabeza uno.

La chica que echaba de menos hacía varios días estaba a muchos kilómetros de ese sillón. ¿Cuántos hay entre el Huevo y Berlín?.

La chica a la que quería volver a mirarle los ojos estaba un piso más abajo, bailando en el segundo.

¿Dónde mierda estaría la chica de mi vida?

No bajé a bailar.

Ni compré pasajes para Alemania.

Simplemente saqué la foto.

Ésta.

sábado, julio 30, 2005

carta abierta a José Tomás

¿Habrán micros que anden más rápido que las que vuelan entre Viña y Valparaíso?

Quiero ser tu amigo, te dije anoche en una, pero te lo dije medio lento porque tú sabes, más de un litro de cerveza.

Me abrazaste, un poco extrañado, igual que hoy a la hora de almuerzo cuando acepté torta de tu vieja por tercera vez.

Tu torta de vingt-trois ans.

Anoche lo pasé la raja, y por eso tuve la sensación de "anoche fue increíble, no quiero agregarle nada hoy", y me vine a Santiago.

Tú "diosas", yo las llamo "ángeles", a esas chicas que aparecen en una discoteque con ruido y transpiración, o incluso al lado de una mesa llena de completos, y que con alguna parte de su cuerpo, a vos con todo el cuerpo, a mí casi siempre con sus ojos, nos calientan la piel, lo que hay debajo de ella y lo que pensamos de la vida.

Pasa finalmente que los ángeles tienen alas y yo no.

¿Qué mierda quise decirte en la micro?

Que no cacho cuanto dimensionas a las personas que te rodeamos. Tus amigos y amigas somos la raja, claro, porque vos eres la raja. Y a veces siento que no nos valoras. Hay una condicionante, una cuenta quizá, no cacho. A veces siento que te fijas en hueás tan importantes para una amistad, como (tú sabes) un maní recién langueteado por un elefante.

Si yo soy un libro abierto, dijiste delante de todos anoche.

Abierto en las tres primeras páginas, y el resto de las hojas pegadas con "la gotita", te interpelé.

Hueón, yo tengo sinceras ganas de leerte.

Pero tampoco quiero que nos pongamos melosos, y hablemos seriamente sobre nuestra amistad la próxima vez que nos veamos, porque aparte del pudor, prefiero dejar eso pa las hueás mamonas de blogs y fotologs.

Quiero que sigamos cagándonos de la risa con Tadashi, Antonio, Sofía, Georg, Daniel y el que quiera subirse a esta micro, cien veces más rápida que la 1 o la 22, que va entre los dos más cómodos paraderos.

Cuna y ataúd.

Quiero también que estés consciente que influyes en mi vida más de lo que crees. Por algo la decisión de compartir la sala de clases los próximos semestres, por algo la mimetización en el habla, en el humor. Por algo tengo convencida a mi vieja que me siguen gustando los manjarate.

Por algo planifico reuniones tan largas contigo.

viernes, julio 29, 2005

soy un maldito púber


Si te ibas a la pieza de mis viejos y veías a través de la ventana, aparecía este paisaje. Claro, si ibas a mi pieza veías la calle sin pavimentar como toda buena casa en que los padres hacen las decisiones arquitectónicas.

Es Pelluco, playa de arenas negras, a cuatro kilómetros al este de Puerto Montt, mi casa durante diez años. Qué heavy es darse cuenta que nunca pescaste a tus viejos cuando te decían que aprovecharas de saborear el entorno en el que estabas, con una micro que se demoraba diez minutos orillando el mar hasta el colegio. Y tú, ya papás, ya.

Porque cuando estés en Santiago... mmm cuando esté en Santiago. Van casi cinco años. Y no han sido los más brillantes en mi vida, pero tengo las ganas de que hayan ya empezado a serlo.

Estaba parado en Agustinas con Huérfanos, mentira, esas son calles paralelas, en Teatinos con Huérfanos, con un paisaje "similar" al de la foto, claro que el mar, era un mar de gente corriendo a las seis y media de la tarde tras su tonina amarilla marcada con tres números, y mientras esperaba a Francisco que llegara, me encontré con tres personas conocidas.

Y me puse a pensar "Hueón, ¿será que ya estoy puertomonttizando Santiago?"... claro, en PM, saludo a una persona cada dos minutos en la calle, ¿pero acá en Santiago?.

Ojalá pudiera, y me trajera a esta ciudad lo mejor de mi sur.

Hacía dos años ya, estaba acá conmigo, desde Puerto Varas, mi novia. Claro que cuando ella estaba pensando en la PAA yo estaba saliendo de octavo básico y nos conocimos recién en la U.

Puta que me di vueltas para llegar a lo que realmente estoy sintiendo y que tengo ganas de escribir.

Que la extraño.

Que por la chucha, si volviera con ella, sólo habría cabida para el matrimonio, porque ella ya me eligió como su compañero de vida, pero yo arranqué como lo hace un púber, que cree en un amor telenovelesco que no lograba asociar a ella.

Es bueno extrañarla.

Se lo merece.

Aparte, estoy tan confundido, que no sabría elegir a qué extremo del arcoiris ir a buscar la olla con monedas de oro.

Los dejo.

Me voy a clases y a Viña en un rato más.

Necesito mar, ojalá con arcoiris.

Pedro


pd: se suponía que esta foto la había dejado para cuando pasara cuántica y se acabara feliz, el semestre pasado. Ya saben qué pasó.

jueves, julio 28, 2005

ópera en mi cabeza

Usted es muy cool, me dijo Alejandro, el conserje peruano de mi edificio (Con el que me llevo muy bien, en parte porque siempre me he preocupado de ser un chileno acogedor, y en parte porque es muy tela).

Multiuso yo diría, le respondí.

Claro, venía saliendo de la ducha, con mi camisa café con rayas amarillas, rumbo a la ópera en el municipal, siendo que quince minutos antes me había visto entrando al edificio, muerto de cansado arrastrando la raqueta de tenis, por haber estado jugando más de tres horas con mis amigos de la U.

La función, una mierda.

Nunca me ha gustado la ópera, y anoche me volví a dar cuenta de eso. Por los diamantes sonando al aplaudir según Lennon, por los gritos en sí, y en re.

Y claro, como tres horas, pero ahora de ópera, eran muchos segundos juntos, me dediqué a pensar en mi vida, en particular en mis ex parejas. Influenciado, yo creo, por lo que estaba pasando en el escenario con los gorditos chillones, y sus dramas de amor.

Y fui haciendo mi propia ópera en mi cabeza.

Me sonroja reconocer que use la cama mucho más que los que estaban cantando en frente.

Era el aburrimiento.

Era esa necesidad, de repasar paso a paso cada instante. Como creyendo saborearlo nuevamente.

Pero el sabor es otro.

Mi pasión enloquecedora y tierna, por el cuerpo de mis ex. Esas poleras y pantalones que usaban para dormir. Para dormir conmigo, solos o no en sus departamentos, y que duraban sobre ellas siempre menos de cinco minutos. Y ellas lo sabían.

No hay nada como hacer el amor. Ese sentimiento de plenitud al estar abrazados desnudos, todo mojados por la felicidad, por la transpiración.

Acordarme de mi primera vez.

De mis primeras veces.

De las últimas, hace varios meses ya.

Aplausos.

¿te gustó? - me pregunta mi cita sentada en la butaca de al lado.

Eh ah!, me encantó, me en-can-tó.

lunes, julio 25, 2005

colores en el café




El café también es un color.

No lo digo sólo por el Color Café de Valparaíso (mi favorito).

Luz verde (otro color) en el semáforo, malditos autos que justo se cruzaron en mi foto.

No mira, no se ve mal po.

De hecho se ve la raja.


Ayer domingo 24
A una cuadra del Bellas Artes

sábado, julio 23, 2005

pies de colores y flores blancas en el precipicio

Conocer gente hace que conozcas lugares.

Lugares en tu cabeza que no habías neuroneado antes.

Lugares de tu corazón en donde palpitas de otra forma.

Lugares como este alcantilado desde donde conversamos una puesta de sol.

Una conversa vertiginosa por el tema, por el precipicio.

Elige Paulina, ¿derecha o izquierda?

Izquierda.

Doblé a la derecha.


Y después en este lugar, discutiendo sobre lo potente que era tomar decisiones. (Si hubiéramos ido a la izquierda no estaríamos aquí)

Tan simples como ésa.

Tan simples como qué hacer con el resto de tu vida.

Nos quedamos sin el rayo verde, pero sí con una tarde que no voy a olvidar.



El Yeco, V Región.
Diez minutos antes de la puesta del sol.
Julio 22, 2005.

martes, julio 19, 2005

Examen de Mecánica Cuántica


Estaba feliz.

Estoy más triste que la mierda.

Feliz, porque tras una semana completa estudiando, despedazándome, pensando en lo bien que lo pasa la gente los fines de semana, y lo mal que lo pasaba yo con este examen de segunda instancia (el del famoso profe maldito de cuántica) en la mitad de mis vacaciones, estaba feliz porque lo había destrozado ayer en la mañana.

Creo que nunca había estudiado con tanto ahínco, con tanta esperanza, con tantos libros distintos hablando de lo mismo, con tanto moco en la nariz, porque me resfríe fuerte, habiendo hecho tantos ejercicios.

Y ya no importaba, había hecho mierda el examen.

Solo.

En la misma oficina del profe.

¿El examen? ¡Casi imposible!, más aún si te dan la mitad del tiempo habitual para un examen así.

Eran signos de falsa modestia quizá, decirle a los que me rodeaban que prefería ver la A de aprobado para celebrar.

Yo ya estaba celebrando. Calculaba hasta un seis.

Manejando muy rápido, con la música muy fuerte y con mi boca muy marcada en una sonrisa.

Paulina, ¿vamos a comprar música y libros, y hasta derrepente ropa?

1856 páginas tiene Guerra y Paz de Tolstoi.

44 minutos 34 segundos dura el disco de Kings of Convenience (escuchen Misread por favor, les va a gustar de uno a diez, un diez).

Y quise sacarme esta foto en la calle feliz. Feliz conmigo. Con fuerza.

¿Vamos a un cibercafé? el profe dijo que me enviaría un mail. Le dije cero nervioso, ni siquiera tan ansioso.

Expectante y saboreando por adelantado, como cuando viajas a la costa y ves las primeras brochas de mar.

El mail decía:

Pedro,

Lamentablemente no te alcanzo para el 4.

Rodrigo Arias



Paulina y su voz se ahogaron, salgamos de aquí me dijo.

Y caminamos, desde Providencia a Plaza Ñuñoa.

En silencio.