No es que ande triste, ni que me haya pasado algo puntual.
Hoy es un día como cualquiera, con una noche que empieza temprano por culpa de los más de veinte grados de inclinación del eje del planeta.
Y me pongo a pensar lo insignificante que soy, algo que me trastorna desde que me di por enterado.
Mis primeras noches con sueños húmedos, no fueron de esas de patética, cursi y poco directa definición, que tratan sobre eyaculaciones involuntarias en el cuerpo de un chico.
Mis primeras noches con sueños húmedos, fueron por quedarme dormido con los ojitos mojados de angustia y de pena por morir.
Creo que tenía ocho.
La muerte para mí, es tema.
Y no es raro que reciba de vez en cuando cartas de amigas y amigos cercanos contándome que mientras hablaban con sus abuelas de la muerte se acordaron de mí, ensayos filosóficos sobre morir que escribió no sé qué griego antiguo que ya se murió, comentarios sobre películas que debería ver porque yo sí que sabría saborearlas agriamente.
Sigo esperando que llegue alguien con la pildorita, con el botón que congele la muerte. La muerte y el nacimiento de cualquier persona en el mundo, porque tampoco me gustan las sobrepoblaciones.
Y así dedicarnos a conocer a cada persona del edificio (¿quién conoce al que vive dos pisos más abajo?), de la calle, de la ciudad, del mundo. Saber de cada persona que exista e intentar construir diálogos y situaciones para bien, con ella.
No quiero sonar como a concursante Miss (agregar aquí Mundo, Universo, Hawaiian Tropic o análogo) que desea la paz mundial.
Con suerte intento hacer ver, a las quince personas que vayan a leer esto, que esto no va a pasar.
Y que me encantaría, que en las condiciones actuales tratásemos algo similar.
Aun cuando ya a un hueón (si quiere puede cambiar hueón por Dios) se le ocurrió inventar "el reloj", y a los suizos y después a los japoneses masificarlos.
Estamos todos en una carrera.
Contra el tiempo.
Y aunque Mafalda se quiera, ¡y pueda!, bajar, yo no puedo.
Y tú tampoco.
Cambiémosle el enfoque a la vida entonces, han dicho tantas personas a través de la historia, con sus teorías, con sus propuestas, con sus vidas. E independiente de si lo lograron o no, y de darle las gracias a Einstein, Newton, Sócrates, Jesús, Mahoma, el Ché, Lennon, Lenin, Jeanne d'Arc, Maxwell, Gandhi, Freud, Aristóteles, Hurtado Cruchaga, María Magdalena, Presley, Platón, Gauss o Nietzsche, es terrible darse cuenta que todos ellos están muertos.
- No en mi corazón - podrá decir alguien.
- ¿Ah sí?, ¿y hasta cuándo dura el tuyo? - habría que responderle.
La mariposa vive un día.
Y aunque abunden los "¡Oooh qué poquito!", no es ahí donde se deba detener el asombro.
¿Para qué querría vivir más tiempo? si ya visitó todas las flores que le pidieron e hizo sonreír al niño o niña que la vio arrancar.
Además, ¿Qué son 80 años?
Lo mismo que un día para ella.
Lo mismo, no sólo visto desde la poesía, o desde la idea de misión que se tiene en la vida.
Un día y ochenta años son lo mismo en la escala del universo.
¿Qué diferencia hace él entre ella y yo? Él, que con sus 15.000.000.000 de años haría quebrar a cualquier AFP.
Sí.
Seguro no lo sabían, o incluso pensaban que eran muchísimos más ceros, pero creemos, y tenemos mucha mediciones y pruebas para creerlo así, que el universo tiene 15 mil millones.
Y la tierra, un tercio de eso.
Me acuerdo de las clases de astronomía que hacía el año pasado en Infocap, y de la vez que salimos al patio tras la pregunta que me hicieron "¿existen los extraterrestres?".
Puse al pandillero del curso, en la mitad del patio y lo convencí de que era el sol.
A un pie de distancia, de mi talla 45, su partner era feliz siendo Mercurio.
Otro pie de distancia y la señora que tampoco había terminado la enseñanza básica se juraba todo coqueta ser Venus.
Y así.
Con el gordito haciéndolas de Júpiter, y los otros planetas.
Al final, a doscientos pies de mi pandillero-sol, estaba el chico con retraso mental leve, que entregaba las pruebas más subrayadas que yo haya visto nunca, sintiéndose seguramente igual de Plutón como se siente con la gente. Ínfimo y alejado. No debí darle ese papel.
- Éste es el sistema solar - les dije - y no se ha descubierto vida en ninguno de los planetas, lo suficientemente desarrollada como para habernos comunicado.
- ¡Qué lejos están los planetas! - me dijeron sorprendidos por eso y quizá por estar haciendo una clase fuera de la sala.
- La otra posibilidad es que haya vida en planetas alrededor de otras estrellas como el sol ¿A dónde creen que tienen que ir a ponerse las estrellas? - les pregunté, apuntando a los otros diez de la clase que habían aceptado, entre tallas, ser las estrellas del curso.
- Allá donde está Plutón.
- No, más lejos - respondí.
- A la calle.
- No - respondí entre las burlas y lo que dije después hizo sentir hidalgo al que lo había propuesto - más lejos todavía.
- ¿A dos cuadras de distancia?
- No. La estrella más cercana, a esta escala de mis pies de distancia, debería ir al terminal de buses y comprar pasajes a Talca, ponerse en la plaza de Talca y llamarnos por teléfono pa comunicarse con nosotros. Entre este sol, que también es estrella y la más cercana, "la talquina", no hay nada. Es el vacío interestelar, por lo tanto tampoco andan ovnis, y ni les alcanzaría la bencina para llegar.
Todavía me acuerdo de sus caras de asombro.
Todavía me acuerdo que pensé "¡chucha qué está lejos en realidad! y eso que no les he dicho que en una galaxia hay millones de estrellas y que entre los millones de galaxias de las que está hecho el universo, la hueá es peor".
- Por lo tanto si existe o no existe vida extraterrestre en otras estrellas o galaxias, no lo sabemos ni lo sabremos hasta que sepamos cómo viajar de otra forma (quizá con la cabeza pensé), porque en un cohete jamás lo lograremos nosotros ni "ellos".
¡Qué extraño que escribiendo sobre la muerte me haya llenado de vida!
Pero no.
No es extraño.
La muerte ha sido el motor de mi vida.
¡Sí poh!, cada vez que no me atrevo a hacer algo, me digo, "pero hueón, ¡qué tiene!, si igual te vas a morir, si somos todos iguales, todos cagamos igual de hediondo (¿la muerte de la comida?)".
Como esa vez que avergonzados en el ascensor con Fredes y Gonzi, nos reíamos nerviosos.
- ¡Ya Gonzi!, es tu vecina, vos deberiai ir y tocar la puerta y saludarla.
- No, vos poh Fredes, si a vos te gusta la mina.
- Ya poh Pineda, si tú eres el que tiene personalidad.
Ríendo. Nerviosos. Pensé, ríendo y nervioso, "¡cómo no me voy a atrever! ¿qué puede pasar? si al final igual nos vamos a morir todos y esto no es tan importante como eso".
Toqué el timbre.
Nos hicimos amigos, y al mes, Fredes se fue de vacaciones al valle con ella.
Pero ahora, estaba feliz con mi sistema solar humano.
Estaba también feliz tratando de cambiar este sistema social.
Por eso había decidido estudiar astronomía, y me cuestionaba no haber sido médico o asistente social.
Para entender de una forma racional, científica la vida. Me interesaba tanto como el entenderla filosóficamente, pero era más fácil empezar con lo más exigente académicamente.
Estoy consciente que con ninguna de esas dos opciones lograré quitarme esta angustia, pero es lo que me queda mientras me resista a la dispensable necesidad de cordura y evidencias que hay en la opción religiosa. ¡Cómo admiro a los evangélicos que saltan y cantan convencidos en la calle!
Y hoy, que sigo llorando por estas "hueás", más me sobrecojo al darme cuenta de lo insignificante que es mi insignificancia.
Que cuando pasen mis cien años (¡vamos que se puede!), aparecería un chanchito diciendo, eso es to, eso es todo amigos.
Y estamos. Eso sería cabros, buenas noches, good night, bonne nuit, hyvä yötä.
Ya no podré abrir los ojos, porque ni siquiera me daré por enterado que tengo ojos.
¿Tengo alma? Eso que llaman alma.
Que después se va a huevear a otro lado.
Pero si fuera así, ¿por qué no me acuerdo dónde anduvo hueveando antes de que naciera?.
¿Acaso no me acuerdo porque no estoy en un "estado" que me lo permita?
¿No es éste, mi "estado"?
¿Qué?, ¿me fumo un pito, me hago una regresión?
No.
Hago como el resto.
Me pongo a estudiar, que tengo prueba el martes.